Demian es lo que se llama una «historia de formación»: Sinclair no es más que un niño que deja de serlo con el paso del tiempo y que, entretanto, busca su lugar en el mundo. Su problema es que ni siquiera sabe en qué mundo quiere vivir. ¿Pertenece al de la luz o al de la oscuridad? ¿Sirve de algo decidirse por uno o por otro?
Más que en la trama, es en la mente de Sinclair donde reside la complejidad de Demian. Su cabeza es un laberinto de ideas que puede llegar a resultar mareante. ¿Qué es simbólico? ¿Qué es literal? Una novela que hace reflexionar.